El día del ‘Olvido’

El día del ‘Olvido’
El día del ‘Olvido’

El día del ‘Olvido’

Antes de mirar hacia el mañana para repasar todo lo que falta  (y lo que sobra), no está de más echar una ojeada atrás para reafirmarnos en este Orgullo que hoy celebramos porque creemos que tenemos algo que celebrar.

Y, ciertamente, los que vivimos en este pequeño pedazo del mundo al que llamamos Occidente tenemos motivos para celebrar unos derechos que si bien son nuestros, porque los hemos peleado y ganado, hemos fracasado estrepitosamente a la hora de saber o, lo que es peor, querer compartir.

Porque si bien en Europa Occidental, Australia, Canadá y las dos costas y la zona de los Grandes Lagos de Estados Unidos de hecho y de Derecho y en Latinoamérica y el antiguo bloque del Este europeo más de lo segundo que de lo primero podemos presumir sin exagerar de un Estado del Bienestar LGTBI, y particularmente G, a pesar de problemáticas y carencias no poco graves pero controlables y ya nos permitimos el lujo de debatir si el alquiler de un útero femenino por parte de una pareja de gays “WASP” es un derecho o se queda en deseo, repito, mientras aquí andamos en esas, hay otro 28 de junio y hay otros lugares donde se viven otros orgullos, tan otros que no existen como no existimos ni “ele”, ni “gé”, ni “té”, ni “bé”, ni muchísimo menos “elegetebé”. Como mucho maricones, bollos o desviados endemoniados que no existen y si lo hicieran pronto no lo harán.

Está muy bien celebrar el Orgullo: el A y el B, el chabacano y el intelectual, el de Pepsi y el de Coca Cola, el “Crítico” y el criticado, y de Vallecas también. De verdad. Todo lo que visibilice es bueno, es bienvenido, es necesario, lo protagonice quien sea: incluso es positivo el vomitivo cartel que engalana hoy y solo por hoy y solo por el dinero, la fachada de unos grandes almacenes que por política de empresa ni contratan a maricones, bollos ni travelos (de mierda todos, obviamente) y retiran de sus estanterías libros que fomenten “esas taras” pero no los que dicen saber y poder curarlas.

Todo eso es necesario aunque su finalidad sea hacer caja ya ni siquiera con nosotras-nosotros-nosotres sino con una minoría pequeña tirando a ínfima de una parte de nosotras-nosotres-nosotros: los ya nombrados gais WASP quienes, con todo, aquí también están (en la frontera,) pero dentro al fin y al cabo de nuestros extraños y elevados muros.

Muros en los que vive el quid de todo esto. Muros que protegen nuestra confortable y cálida incubadora arco iris por el sur y el este e impiden que personas LGTBI tan personas y tan LGTBI como usted o yo se adueñen de nuestro bienestar.

Decía al principio que teníamos que mirar atrás y recordar que venimos de los psiquiátricos, los electrodos, los insultos, las violaciones “correctivas”, los asesinatos familiares “de honor”, las “fatuas” (aka Encíclicas) condenatorias, la cárcel, las leyes de peligrosidad social y vagos y maleantes, el oprobio social y, en definitiva la muerte siempre social y muchas veces real. Y recordar que todos esos escenarios que lo fueron de nuestro día a día hasta anteayer, todos ellos viven y con excelente estado de salud de 15 km al sur de Algeciras y a escasos doscientos kilómetros de Helsinki.

Allí no hay Orgullo. Ni crítico ni oficial. Allí solo hay olvido. Uno en particular: el nuestro.

Mario Erre, responsable del área LGTBI del Consejo Ciudadano de Podemos Madrid

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