EN EL DÍA DE LA MEMORIA TRANS por Mario ERRE

EN EL DÍA DE LA MEMORIA TRANS por Mario ERRE
EN EL DÍA DE LA MEMORIA TRANS por Mario ERRE

EN EL DÍA DE LA MEMORIA TRANS por Mario ERRE

No debemos pasar por alto la celebración cada 20 de noviembre del Día de la Memoria Trans, conmemoración en honor a las víctimas de la transfobia, a quienes la historia ha ido dejando caer, entre silenciosas y avergonzadas y sin una razón real para ello, en una franja temporal que arranca a la vez que todo y finaliza hace unos segundos, momento en que en algún lugar de este planeta alguna persona transexual ha sido agredida, bien de manera violenta o bien de la misma manera no violenta con las que la trata (tratamos) la sociedad: desde las miradas  de la risa a las del desprecio, siempre apoyándose en el odio. Las mismas risas, desprecio y odio que muestran a veces los que debiendo ser profesionales distan de serlo con burlas o comentarios que duelen mucho más de lo que ellos imaginan porque las dirigen, seguro que sin mala fe en la mayoría de los casos, a mujeres trans, quienes, armadas por fin de un valor acumulado tras años y años de miedo y oscurantismo, acuden a ellos buscando ayuda en una de esas UIGs (Unidades de Identidad de Género) renombradas así a partir de su nombre inicial, UTIGs, y que incluía una “T” detrás de la “U” de la palabra “trastorno”: Unidad del Trastorno de la Identidad de Género.

 

Unas unidades estas, las UIGs, creadas en ocasiones para montar el chiringuito de turno al amiguete de la o el presidente autonómico de turno con la añadida de echar más piedras en el camino de la persona trans que, por imposición, acude a ellas buscando una luz que ilumine su tránsito pero que terminará enfocándole la cara y el alma con la intensidad de un foco de un campo de fútbol de primera división en un partido nocturno.

 

Una luz que en lugar de ayudarle a enfocar una vida hasta ese momento solo consigue iluminar las caras de la transfobia, las caras de esta nuestra sociedad occidental, porque la oriental al menos no disimula: es transfoba “por la gracia de Dios y las tradiciones”. Pero este carrusel occidental descarrilado en el que vivimos y que dice ofrecernos una vida rebosante de luz, color y sonido, no hace otra cosa que disimular el odio al diferente y, aún más, y por no variar la tradición patriarcal, el odio a “la” diferente con el ruido de su motor, verbalizándolo con una educación y cortesía tan exageradas como falsas. Basta con recordar a tantas y tantos transexuales asesinados socialmente y a quienes en su certificado de defunción se les disfrazó ese asesinato social de suicido. De suicidio fruto de una depresión que no salió de sus adentros, sino que llegó desde fuera de su persona. De su persona, sí, sin más, sin apellidos ni adjetivos. Una persona, como usted y como yo, exactamente igual.

 

Basta de transfobia. Basta de hipocresía. De la hipocresía de aprobar una ley en la Comunidad de Madrid que no servirá de nada si no se aplica como no la aplicó Cifuentes ni la aplicarán Ayuso y su jefa, la arquitecta fraudulenta. Basta de demorar la promulgación de una Ley Trans estatal con un “ya va, ya va”, del gobierno del PP y del de sus sucesores del PSOE, que ofende a las víctimas que la exigen. Una ley que nunca llega, pero siempre está a punto de hacerlo.

Esas víctimas son las personas transexuales y sus allegados, y en último término la gente que empatiza con la ellas porque tiene un mínimo de conciencia social. Y no voy a añadir “y de clase” porque esa es una variable que merece artículo y, más que artículo, libro o tesis propia.

Necesitamos ya, ahora, ipso-facto, como sociedad que no quiere ser acusada de sociedad enferma precisamente la despatologización de las personas trans por ser esa patologización algo irreal, ideológico y moralista y por estar solo en nuestras cabezas cis: ninguna enfermedad supuestamente mental se cura exclusiva o principalmente con un tratamiento físico. Esto último es algo tan lógico que, en su línea de desprecio a las mentes plebeyas, obviaron los ideólogos del género idiota, curas y señores bien, que estas mentes plebeyas razonarían una vez recibieran la información suficiente.

Como decía, necesitamos, para que la memoria trans sea cada año el recuerdo de una pesadilla cada vez más lejana, ese reconocimiento y esa reparación a través de una ley trans estatal ya.

Y ya es ya.

 


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