La Mirada por Laura Casielles

La Mirada por Laura Casielles
La Mirada por Laura Casielles

La Mirada por Laura Casielles

Este año hemos visto muchas cosas, y las hemos visto muy deprisa. Ante los ojos nos han pasado mundos nuevos a la velocidad del tiempo histórico, mientras nuestros cuerpos de tiempo humano intentaban seguirles el paso. Apenas si tenemos el momento de calma que haría falta para procesarlo, pero el modo en que vemos nuestro país contempla ahora más colores, otras escenas.

Las retinas se nos han acostumbrado, casi sin darse cuenta, a atesorar imágenes que hace no tanto tiempo eran cosa de los sueños. Hay en el álbum de fotos de nuestros corazones plazas llenas de gente que ayer gritó y hoy celebra, bastones de mando en manos marcadas de trabajar, colas sonrientes camino a las urnas, políticos que se emocionan, carteles electorales con rostros que se nos parecen.

Estas estampas han calado en el imaginario de lo posible.
Estas imágenes se han convertido en parte de nuestra realidad.

Quizá no siempre somos conscientes de ello, pero, si esto es así (si son estos los fotogramas detenidos que puntean el hilo de nuestro nuestro año), lo es en buena medida gracias al trabajo de los fotógrafos. Por ellos sabemos. Porque recordamos momentos en los que estábamos, sí: pero también muchos que hemos vivido sin estar. Hemos conocido la asamblea de nuestro barrio, pero también la alegría de un ayuntamiento al otro lado del mapa. Hemos asistido a un mitin, pero hemos vivido cien.

Y si esto es así, es porque allí estaban Dani, Julio, Leyre: subiéndose a la ballena de Sol o colándose entre la gente para llegar a la primera fila, desde la que se aprecian los gestos. Es porque allí estaban Fernando, Antonio, José, Mariano: aguantando el frío de las reuniones y el sol de las esperas, enterándose de los papeles que hay que rellenar para que las cámaras consigan permiso para entrar en los salones. Es porque allí estaban Reiner, Antonio, Olmo: con las botas gastadas de caminar las calles y los ojos entrenados en buscar el detalle que nadie ve. Porque allí estaban Irene y FRuano, porque allí estaban JCero y José Luis: corriendo para llegar a tiempo, robándole horas al sueño, buscando wifi para el envío o un balcón desde el que se vea hasta dónde llega la multitud. Es porque tanta gente anónima desenfundaba el móvil o la cámara y hacía clic, en un gesto que siempre dice: “este momento merece permanecer; este momento merece ser compartido”.

De la carrera incesante de imágenes que han ido pasando ante nuestros ojos, muchas de las que permanezcan en nuestra memoria se decantarán gracias a su mirada.

El carrusel de vivencias cristalizará en iconos: las lágrimas en los ojos de Pablo, los hormigueros multicolores llenando teatros y plazas y polideportivos, los carteles que gritan verdades como puños en alto, decenas de periodistas blandiendo sus micros ante personas como tú y como yo. El tiempo, cuando siga pasando, reducirá este año superpoblado de vivencias a una sucesión de hitos, a un goteo de fotogramas.

Pero sabremos también (porque nuestra memoria es más rica que ese desmigar momentos) cuánto condensa cada uno de esos momentos atrapados en la foto como un rapto de luz.

No podemos verlo, pero esta sala está trenzada, atravesada por una telaraña hecha con los hilos que unen estas imágenes; el juego de historias que las entrelaza con nuestras vidas.

Mira, recuerdo el amor naciente con el que cruzábamos las miradas de lado a lado del teatro en este mitin.
Mira, no olvido la conversación encendida que tuvimos mientras avanzábamos en aquella manifestación.
Mira, aún se me viene a la mente el bar en que estaba cuando vi en la tele esa escena.

Hay muchas fotos descartadas por cada foto expuesta.
Hay muchas fotos no hechas por cada foto que se llega a hacer.
Hay muchas cosas que no se pueden siquiera fotografiar.

La política, sin duda, es antes que nada una forma de mirar. Hoy el zoom se ha abierto, y los márgenes de la realidad son más anchos que antes: ahora hay más fotos que son posibles.

Asimismo, la mirada es también una forma de hacer política. Elegir qué retrato, qué panorámica, qué escena se muestra es un modo de elegir qué mundo se va a quedar en nuestras memorias.

La foto, como el relato, es un destilado posible de todos los mundos que atraviesan el instante. Una apuesta sobre qué y cómo va a permanecer.

Este año hemos visto muchas cosas, muy deprisa.
En la imagen detenida encontramos la pausa que permite mirar.

 

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